La ciencia ha avanzado de gran manera en todos sus campos. La precisión de los resultados ha ido de la mano de este aumento de conocimientos, lo cual ha llevado a dilemas filosóficos y morales en cuanto a su aplicación en diferentes áreas. En la sexualidad, nuestro tema a tratar, la ciencia juega un papel tanto importante como polémico. Hoy en día el aporte que la ciencia ha brindado al tema de la sexualidad, es innegable, la taza de embarazos fallidos ha bajado drásticamente, las prácticas quirúrgicas que se le pueden realizar tanto a la madre como al feto durante la gestación son impresionantes, si vemos lo que era un embarazo antes y a lo que es ahora, ambos tanto madre como hijo tienen más probabilidades de vivir saludablemente.

Otro de los aportes más importantes es la creación de métodos anticonceptivos. La variedad de estos métodos es muy amplia, hay métodos naturales, hormonales, de barrera, quirúrgicos e intrauterinos. Algunos de estos métodos a parte de evitar la concepción, como su nombre lo indica, también evitan de gran manera la transmisión de enfermedades venéreas. Pero es importante aclarar que el factor humano juega también un gran papel, principalmente en la población joven la cual por diferentes factores sociales y físicos, la exploración de la sexualidad se ha convertido en una prioridad.
Pero es aquí donde nos preguntamos: ¿Por qué a pesar de la gran variedad de métodos anticonceptivos el número de embarazos no deseados, especialmente en jóvenes, sigue creciendo?, ¿Por qué a pesar de la información que hay se sigue creyendo que, “a mí no me va a pasar”? Será que: ¿el acto sexual se ha desligado totalmente del amor, o es un grave caso de negligencia?